Hace pocos meses desde la Coordinadora empezamos a hacer circular un petitorio que solicita que se haga cumplir el reglamento que determina que los libros comprados con los subsidios UBACyT, PIP y PICT deben ser transferidos a la biblioteca de la facultad donde se radican los proyectos de investigación.
En el marco del debate que se inició a partir de la difusión de esta iniciativa, han comenzado a incorporarse nuevos ejemplares a la biblioteca del Instituto de Investigaciones Gino Germani, perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales. Pueden consultarse los libros que van incorporándose en http://www.iigg.sociales.uba.ar/
Para dar un mayor impulso a nuestra propuesta de fortalecer la biblioteca, estamos promoviendo un nuevo mecanismo de adquisición de libros a partir del dinero de los subsidios de investigación, de modo que indefectiblemente sean catalogados al ser adquiridos y, al finalizar los proyectos correspondientes, estén al alcance de todos. En las próximas semanas esto se debatirá en el Comité Académico del IIGG.
Aprovechamos para dar aviso de nuestro nuevo horario de reunión, para aquellos a quienes el contacto meramente virtual les parece frío o frívolo. Nos estamos encontrando los jueves a las 15 hs en el aula 401 de la sede de M.T. de Alvear 2230.
viernes, 26 de agosto de 2011
Por libros para todos se empieza por casa
martes, 2 de agosto de 2011
35 años de cárcel por consultar demasiados libros
El presunto "delito" cometido por Swartz es haber utilizado un script para automatizar la descarga masiva de documentos publicados en JSTOR, un sistema que provee acceso a papers académicos bajo subscripción.
JSTOR es, básicamente, lo que en nuestros pagos se conoce como un buen curro...
Las universidades desembolsan cuantiosos recursos en financiar investigaciones, los investigadores envían sus trabajos —generalmente pagando— a las llamadas revistas científicas, luego las llamadas revistas científicas usan a la misma academia —muchas veces sin pagar— para hacer revisión de pares y mantener la calidad de lo publicado, y finalmente, les cobran a las universidades y bibliotecas importantes cifras en dólares, para acceder a las suscripciones.
El servicio de JSTOR brinda acceso a una base de datos de revistas científicas en formato digital "para ahorrar espacio a las bibliotecas, que ya no disponen de estantes suficientes para albergar la enorme cantidad de publicaciones científicas actuales" —claro que a 50.000 dólares la suscripción, habría que preguntarse cuántos estantes se pueden construir... El dinero recaudado por JSTOR (que es una organización "sin fines de lucro"), sirve para mantener la increíblemente costosa y multimillonaria infraestructura, que todos sabemos, implica tener un sitio web en línea, y el resto del dinero, finalmente, termina en las mencionadas "revistas científicas" cubriendo las regalías por derecho de.. editor?, perpetuando su modelo parasitario, aún cuando la publicación y distribución en papel se haya vuelto obsoleta...
Quien tiene una cuenta en JSTOR, puede acceder a todo el material, sin embargo según sus condiciones de servicio los usuarios se comprometen a no usar software automatizado para descargar masivamente artículos alojados en JSTOR. Presuntamente éste sería el grave delito cometido por Swartz, además de la forma irregular de entrar al sistema (aunque es costumbre entre investigadores y profesores de las universidades compartir sus usuarios y contraseñas de acceso a JSTOR, ya que es la institución quien paga la subscripción). Cualquier persona mínimamente sensata, aunque considere equivocada la conducta de Swartz, seguramente juzgaría como pena razonable para esta ofensa tan banal... la baja de su cuenta en JSTOR o algo por el estilo. Sin embargo en la dimensión paralela de los talibanes de la propiedad intelectual y paranoicos de la inseguridad digital, amerita años de cárcel.
Tal como declara David Segal director ejecutivo de Demand Progress en The Boston Globe:
No tiene sentido, es como tratar de meter preso a alguien por el delito de haber revisado demasiados libros en una librería. Tanto el MIT —la universidad desde donde Swartz presuntamente accedía a JSTOR—, como la propia JSTOR no han presentado cargos por este caso.
Sí, nosotros podemos!
Robar es robar, ya sea usando un comando de computadora o una barreta, y sea para llevarse documentos, dólares o datos, y que
es igual de dañino para la víctima si vendes lo robado, como si lo regalas. La condena máxima que podría llegar a recibir Swartz es de hasta 35 años de cárcel.
El día lunes Swartz acompañado por sus padres se entregó a las autoridades y compareció frente a la Corte de Distrito. Fue liberado bajo una fianza de $100,000 en efectivo y sigue investigado bajo los cargos fraude informático y abusos derivados, por haber afectado y usado indebidamente los servidores de JSTOR.
Sin embargo, la idea de que los 4 millones de papers científicos descargados se puedan compartir sin costo por una red P2P, más bien debería poner en duda el papel de JSTOR como intermediario, dejando al descubierto su verdadera misión: obstruir el acceso a las publicaciones científicas en vez de facilitarlo, perpetuando un sistema de apropiación de recursos completamente falto de ética.
Hacia un mundo de restricciones
Academia, estudiantes, acceso, bibliotecas digitales, e instituciones que en teoría deberían estar al servicio de la educación y la cultura, y en cambio criminalizan profesores o estudiantes... un coctel perverso cada vez más frecuente, que debemos tratar de revertir
Fuente: http://derechoaleer.org/2011/07/35-anos-de-carcel-por-consultar-demasiados-libros.html